jueves, 10 de agosto de 2017

Uruguayos que combatieron junto a franceses recuerdan la odisea bélica

Revisando el archivo. Publicado en Ultimas Noticias el sábado 3 de setiembre de 1994. Testimonios de un uruguayo y dos franceses -uno nacido en Montevideo, sobre sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial. La entrevista fue hecha en la sede de la Embajada de Francia en Uruguay.

Uruguayos y franceses combatieron juntos colaborando en la liberación de Francia. Sus experiencias forman parte de un rico acervo histórico que a 50 años de la liberación de París es preciso rescatar. Anton Martín Vincent Salaberry, Elías Carrasco y George Lecompte, narraron parte de sus experiencias y compartieron con Ultimas Noticias sus vivencias de una época trágica y dramática.
*Anton Vincent Salaberry es uruguayo, de 75 años, nieto de vascos franceses, jubilado. Fue publicista, gerente de Ímpetu Publicidad, secretario de la gerencia de la Administración Nacional de Puertos (ANP) y secretario de Alberto “Titito” Heber. “Yo viví la guerra desde dos puntos de vista: uno estrictamente guerrero y otro, si se quiere, turístico, porque me tocó visitar veinte países y cuarenta ciudades. Formé parte de la 1ra. División Francesa Libre, que era en realidad la 1ra. División de Infantería Motorizada, estuve con la 13 ½ brigada de la Legión Extranjera”.
“Nuestro desembarco en Francia fue en la Costa Azul. No fue muy difícil, porque el desembarco grande se hizo en Normandía y lo peor se registró solo en algunas playas. Llegamos en un transatlántico desde Italia y desembarcamos con el agua hasta el cuello, todos mojados. Lo primero que liberamos fue un balneario francés llamado Antives, donde veraneaba Winston Churchill. Allí nos recibieron con mucha alegría. En nuestra marcha liberamos Marsella, Toulon, y después avanzamos hacia Lyon, y finalmente Estrasburgo. Llegamos después hasta la frontera con Alemania, donde terminó nuestra campaña en Francia. Nos retiraron del frente francés y nos mandaron de nuevo al Mediterráneo. Allí atacamos Italia por la retaguardia y culminamos la guerra –a pesar de ser una división motorizada- con las ametralladoras sobre mulas y combatiendo con los alemanes en las montañas”.
“Me incorporé a la guerra en Uruguay. Había un Comité de Francia Libre en la plaza Independencia, y yo era muy fanático de Francia, tanto que me puse corbata de luto cuando cayó París. Un día me enteré de ese comité, tenía 21 años. Ahí marché a la guerra.
“Nos embarcamos en un transatlántico, el Avila Star y arribamos a Liverpool en pleno invierno. Llegamos a Inglaterra en diciembre y el 10 de febrero salimos hacia África. En Durban embarcamos en un barco francés que se llamaba Il de France y días después llegamos a Suez. Después a Beitur, donde nos integraron a la Legión Extranjera. En un primer momento sentimos un poco de desazón, pero después de algunos líos con viejos legionarios pasamos a estar cómodos. Poco después nos mandaron a reforzar la 1ra. División Francesa Libre que estaba combatiendo en el desierto con las tropas inglesas.
“Al finalizar la guerra estuvimos en París por casi dos meses, haciendo turismo. Finalmente en setiembre del 44 nos embarcaron para Uruguay y llegamos en medio de una gran recepción popular. Nos recibió el presidente (Juan José de) Amézaga en la Casa de Gobierno.
*Elías Carrasco es francés, nacido en Marsella. Representa firmas francesas de comercio exterior. Hace 47 años que vive en Montevideo.
“A la guerra le sentí el peso desde que era niño. Empecé a vivir la preguerra cuando iba a la escuela y sentía los rumores del conflicto español. Oía a mis padres y a mi abuelo materno hablando de política y de la guerra. Crecí escuchando eso.
“Mi abuelo siempre le decía a mi padre que iba a venir una segunda guerra mundial y va a empezar aquí, decías y señalaba con el dedo la hoja de diario con un mapa. Vi que decía España. Recuerdo que en la escuela adoptamos huerfanitos españoles cuyos padres habían muerto y se quedaron sin nadie.
“Después, entre 1939 y 1940 vimos como los soldados se iban al frente a combatir, pero al poco tiempo vino el armisticio y la ocupación. Y fue muy duro. Sobre todo el día en que nos sacaron la bandera francesa y pusieron la del ocupante.
“Cuando desembarcaron los canadienses en Dieppe yo trabajaba de peón de albañil en una unidad de los alemanes, y era un jolgorio. Nos olvidamos de nuestros sufrimientos y sentimos que algo pasaba. Era tan cerrada la opresión, tan grande, que teníamos ansía de tener noticias del de tener noticias del exterior, pero si escuchábamos la BBC de Londres íbamos presos porque estaba prohibido. De todas formas trascendían algunas cosas, supimos del desembarco en Dieppe y allí empecé a ver un rayo de luz.
“Es más, no me acuerdo durante la ocupación de haber visto un día con sol. Un día soleado bajo la ocupación yo no me acuerdo. Vi el sol el día que me dijeron del desembarco en Dieppe, después cuando el de Normandía. Durante el atentado contra Hitler, presenciamos como los alemanes se arrestaban entre ellos. Eso fue fabuloso. Lo disfrutamos.
“Pero cuando se venía la liberación me transformé en un insurrecto. Conseguí un arma y me junté con los maquisard que estaban liberando Francia y estuve en alguna escaramuza.
“Luego vinieron los soldados aliados. En el momento en que llegaban los soldados nuestros, los americanos, los ingleses y algunos rusos, … bueno, si en ese momento me daban un arma y me mandaban a hacer cualquier cosa, la hubiera hecho por ellos, porque se merecían todo, todo. Esa gente se merecía que uno hiciera mucho por ellos, porque terminaron con el suplicio de tantas horas y años de oscuridad.
“Yo sentí veneración por esa gente que dijo no y se alzó en armas, y por otros que lucharon por la liberación de los países ocupados. Los uruguayos nos ayudaron mucho. Fueron a combatir para liberarnos. Yo quiero al Uruguay, aquí la gente tiene un alto sentido humanitario. Aquí superé los rencores de la guerra.
*George Lecompte tiene 69 años. Es jubilado de Industria y Comercio. Es francés pero nacido en Montevideo.
“Me uní a la Marina de Guerra de la Francia Libre en Inglaterra a la edad de 18 años. Lo hice a través de las autoridades francesas que estaban en Montevideo –mis padres se radicaban allí-, y me embarqué en 1942 en un barco mercante. Ingresé como marinero de segunda y luego de algunos cursos terminé como segundo de una flotilla de barreminas. La vida en el mar la hicimos protegiendo convoyes. O sea que protegíamos los barcos mercantes puesto que los abastecimientos y transporte de tropas se hacían fundamentalmente a través del mar.
“En comparación con los adelantos actuales, en aquella época no teníamos prácticamente nada. Recién se empezaba a usar el radar y lo ue ahora se llama sonar, y que en aquel tiempo se llamaba Asdic. Pero eran muy pocos los barcos que lo tenían instalado, razón por la cual todo se hacía a simple vista. La vigilancia se hacía con vigías instalados en el palo mayor.
“Recuerdo que estando en Casablanca nos enteramos de la liberación de París, cosa que se festejó ruidosamente. “Posteriormente, con unos barreminas que nos cedió la Armada Británica, nos dedicamos a limpiar de minas toda la costa francesa.
“La vida en el mar era muy dura, puesto que a veces se pasaban meses sin tocar puerto ninguno. Lo fundamental era estar muy unidos. Nadie podía fallar, desde el capitán hasta el último marinero.


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